Años atrás conocí a Fidel Alcántara
Lévano, a través de sus obras literarias, sobre todo las décimas, le hice
llegar mi admiración, felicitándole por el día del vate peruano.
-Soy de la ciudad de
Ilo, cultor también del arte, quiero estar en el evento cultural que se
realizara en honor a los poetas moqueguanos, voy a estar complacido de
participar y a la vez darles a conocer mi última creación literaria- le
dije
Don Fidel de manera decidida, sin vacilar, se comunicó con
el Director de Arte y Cultura, haciéndole llegar mi inquietud.
-Saluda al poeta que
te escribió, por favor invítalo, para el Festival Literario “La Pluma de
Cobre”, si se anima incluimos la presentación de su libro dentro del programa,
pero que confirme pronto – dijo el Director.
-Gracias por el apoyo
que le das a Jorge, yo hare el comentario preliminar de la obra-dijo Fidel.
Así demuestra el gran vate Fidel, el amor a la literatura,
el aprecio a todo aquel que lo practica, un afecto desprendido a los nuevos
valores en el arte de expresar sentimientos, emociones e ideas, de la realidad
en el espíritu del hombre, en el mundo interior del escritor.
En una oportunidad viaje a la ciudad de Moquegua, aborde un
taxi, al joven conductor le pregunte, si conocía o había escuchado declamar a Fidel
Alcántara.
-Claro que sí, es
moqueguano, diría que es un caso especial, es único en la poesía- dijo el
conductor.
Le aclare que es de Chincha-Ica, desde muy joven llego a
esta ciudad y se quedó para amar a esta linda tierra del eterno sol. Acotándole
que también hace cuentos, ensayos, artículos periodísticos, habiendo ganado
múltiples premios nacionales e internacionales.
La posteridad le ha llegado a Fidel Alcántara, deja huella
profunda y seguirá dejando, no fue casualidad, no fue algo de la noche a
mañana, fueron décadas de años, dedicado a escribir versos desde los 9 años,
siendo autodidáctico hasta hoy, convirtiéndose en un buen ejemplo del arte lirico.
-Disculpe el recibimiento y la atención “franciscana” en su estadía, usted
merece algo mejor – le dije, luego de culminada su participación en un
Recital por el aniversario de Ilo, a la que asistió generosamente.
-No te preocupes,
estoy acostumbrado, afortunadamente me acompaña mi esposa y ella sabe todo lo
que pasamos, hemos ido a lugares más recónditos- dijo Fidel, aun agarrado
de la mano de Juanita, su fiel compañera, siempre sonriente, quien admitía lo
dicho.
Y es que, muchas veces los gastos de transporte, estadía,
alimentación, etc., es solventado por el mismo poeta. Se sabe de qué la
literatura en cualquier expresión o género, particularmente en América Latina,
económicamente no es rentable, aunque si es muy rentable para el alma.
-Por eso, muy buenos
literatos, pasaron sus últimos años en la mayor pobreza- dijo Fidel.
Que no sea presagio, en el olvido de su misma gente, menos
aún en estos tiempos que somos privilegiados de tener al vate Fidel, con su
inspiración fresca y lozana, como lo demuestran sus escritos, sigue mostrándonos
su talento natural, él tiene aún mucho que entregar.
Ha llegado al sitial de honor, con la magia de sus versos
rimados, con el fin de crear un mundo de bienestar equitativo en la que no
existan límites, ni fronteras y se pueda gozar de libertad, paz y amor en una
hermandad universal.
Agradezco el aliento, la motivación y la orientación que me
ha brindado, para desarrollar todas mis potencialidades y habilidades, todo esto me permite escribir, creo
poco de lo mucho que se puede decir de él.
En medio de toda esta vorágine de los poetas en el quehacer
diario, Fidel es ya un “Grande”, para sobrevivir en esa esfera lírica y seguir,
seguir, a sabiendas que nadie es eterno en el mundo, por eso no quiere dejar el
sol de la existencia, para mirar la luz de la eternidad, hasta no haber
cumplido con su misión de formar nuevos valores.
Pocos, como vos Fidel. ¡Honor al Mérito!, un
buen vate, “Grande Fidel”.
Valoramos y
aplaudimos que todo lo bueno le llegue a nuestro literato, que en su verso
escultural, deja la divinidad en su legado cultural, en vida a la humanidad.










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